Tomá lo que sigue como un cuento de ciencia ficción: leelo con el placer de una buena intriga, dudalo con método y sacá tu propia conclusión.

NUEVA YORK. Contemos una historia sobre quién decide qué se enciende y qué se apaga. El hecho tiene fecha y firma oficial: el 30 de junio de 2026 el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, firmó dos órdenes de emergencia bajo la Sección 202(c) de la ley federal de energía, que obligan a los centros de datos de inteligencia artificial dentro de la red PJM, la que abastece a 67 millones de personas en trece estados y Washington D.C., a pasarse a generadores diésel apenas suena la alarma. Fue la tercera vez en el año que el gobierno recurrió a esa herramienta dentro de esa misma red.

La ola de calor que motivó la orden habla en números redondos: el 2 de julio la demanda tocó unos 163 gigavatios, cerca del récord histórico de 2006. El precio mayorista de la electricidad superó los 2.000 dólares por megavatio hora en algunos tramos y la reserva operativa cayó a apenas 5.091 megavatios, casi nada para una red del tamaño de PJM. Ese fin de semana, en Nueva York, Con Edison redujo el voltaje hasta los 86 voltios en algunos puntos. Todo esto está documentado, con fecha y con cifra. Ahí termina el hecho y empieza mi cuento.

Natural News lo lee distinto. Para ese sitio, esos 86 voltios no son un ajuste técnico sino la primera cuota visible de una factura que ya se reparte: mientras los centros de datos, que la nota llama "los motores de la vigilancia, la inteligencia artificial y el control corporativo", reciben la orden de protegerse con sus propios generadores, el hogar de al lado espera a que la heladera vuelva a andar.

Según esa lectura, un proyecto de ley en Ohio permitiría a las empresas eléctricas manejar de forma remota los termostatos domésticos en los picos de demanda: la comodidad de la casa, dice esa nota, cede el paso al servidor.

Sigamos el hilo, siempre como conjetura. Natural News proyecta que la capacidad de reserva de la red seguirá cayendo, hasta perforar en 2027 el margen de seguridad que hoy exige el sistema, y llega a leer ese racionamiento como algo deliberado antes que accidental, parte de una agenda de control poblacional que ese sitio da por probada. Yo no la doy por probada: la anoto como la lectura que un sitio hace de un hecho real, no como el hecho en sí.

Lo que sí queda, sin necesidad de creer nada, es la imagen: una alarma que enciende generadores propios para las máquinas mientras del otro lado del cable la heladera del vecino se apaga sola. Quién decidió esa jerarquía, y con qué otro criterio se podría haber decidido distinto, es la pregunta que el comunicado oficial no contesta.