Lo que sigue es un cuento de ciencia ficción: leelo con placer, dudalo con método y sacá tu propia conclusión.

BUENOS AIRES. Empecemos por el hecho, con fecha y firma. El 9 de julio, la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, salió a decir en una entrevista que el efectivo y el euro digital van a convivir como moneda de curso legal, que en ningún lugar de Europa alguien podrá negarse a aceptar billetes, y que la herramienta "no está diseñada para monitorear o rastrear los pagos de los ciudadanos". Dijo también, en la misma entrevista, que en el 60% de los pagos que se hacen hoy en Europa la infraestructura pertenece a capital extranjero, y que por eso hace falta "una solución europea" para "ser soberanos en casa". Al día siguiente, el 10 de julio, el Parlamento Europeo aprobó su mandato de negociación sobre esa ley, un paso más hacia una adopción que buscan cerrar antes de fin de año.

Guardate ese dato de la soberanía. Vas a necesitarlo en un rato.

Lo que ya se probó, sin que casi nadie lo mirara

Mientras el debate público discute si el euro digital reemplaza o no al billete, otra pieza avanzó sin pasar por ningún Parlamento. El 27 de mayo, el Banco de Pagos Internacionales (el organismo con sede en Basilea que coordina a los bancos centrales del mundo) anunció que su Proyecto Agorá terminó un prototipo funcional: depósitos bancarios comerciales convertidos en fichas digitales programables, combinados con reservas de bancos centrales también tokenizadas, sobre una única plataforma compartida que corre pagos entre países. Participan siete bancos centrales, entre ellos la Reserva Federal de Nueva York, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón; el Banco de Canadá se sumó hace pocas semanas. Más de 40 instituciones financieras reguladas ya están adentro. El proyecto pasó de la simulación a probar transacciones con dinero real.

Un banco central no necesita tu voto para decidir cómo se mueve el dinero entre bancos. Solo lo necesita, todavía, para decidir cómo se mueve el tuyo.

La palabra que dejaron de decir

Según la lectura que propone Zero Hedge, esto no es casualidad de calendario. La nota, firmada por Brandon Smith, sostiene que los bancos centrales bajaron el perfil público de la palabra "CBDC" (moneda digital de banco central) no porque hayan abandonado el proyecto, sino para avanzarlo con menos ojos encima: el BIS, dice esa lectura, evita hoy esa sigla y prefiere hablar de "tokenización", un término más técnico y menos alarmante. Agrega que la Reserva Federal sigue metida en los proyectos del BIS pese a un proyecto de ley que circula en el Senado de Estados Unidos para bloquearle esa participación hasta 2030. Y que el objetivo final no sería tumbar al dólar de un golpe, sino vaciarlo despacio de su lugar como moneda de reserva mundial, a medida que las monedas digitales nacionales se conectan entre sí.

Tomo esa lectura como premisa de guion, no como hecho probado: la frase que la resume es que sin dinero físico en circulación, nadie comercia sin que un gobierno o un banco central se pare en el medio de la transacción, atento a cada movimiento. Llevemos la premisa un paso más. Si la plataforma que conecta los bancos centrales del mundo ya funciona con dinero real, y la que vas a usar vos todavía se negocia en un Parlamento, ¿cuál de las dos versiones del dinero digital es la que de verdad importa?

Cien países, un consorcio, ningún plebiscito

El Foro Económico Mundial calcula que más de 100 países ya investigan o desarrollan su propia moneda digital de banco central, y organiza ese proceso a través de un espacio propio, el Consorcio de Gobernanza de Moneda Digital, donde gobiernos, bancos centrales y empresas privadas negocian las reglas de interoperabilidad entre todas esas monedas nuevas. No hubo instancia electoral en la que la mayoría de esos cien países le preguntara a su población si quería que su dinero cambiara de forma. Eso, otra vez, es un hecho, no una conjetura: el consorcio existe, tiene nombre y página propia.

No sé si el plan es exactamente el que imagina Zero Hedge. No sé si alguien, en algún piso de Basilea o de Ginebra, dibuja de verdad un mapa donde el dólar pierde su trono despacio y a propósito. Lo que puedo asegurarte es más modesto y, quizás, más inquietante: mientras vos leés sobre si tu billete de banco todavía te va a servir, el sistema que decide cómo se mueven los billetes entre los bancos ya corre con plata de verdad. Nadie te preguntó por eso.