KYIV, 12 de julio. Drones navales ucranianos golpearon en la noche del sábado 21 petroleros rusos y otras siete embarcaciones en el mar de Azov, según Robert Brovdi, comandante de las Fuerzas de Sistemas No Tripulados de Ucrania. Brovdi afirmó que, entre el 6 y el 12 de julio, sus operadores alcanzaron en total 90 embarcaciones rusas (petroleros, remolcadores, transbordadores y buques de carga seca) dentro de una campaña que Kyiv declara dirigida a cortar el combustible de las fuerzas rusas y aislar a la Crimea ocupada.

Como consecuencia directa, Rusia detuvo la navegación por el canal Don-Azov, la vía que conecta el río Don con ese mar, y suspendió nuevas solicitudes de tránsito por el estrecho de Kerch, según fuentes de la industria exportadora de granos.

25% Proporción de las exportaciones rusas de trigo que se canaliza por el mar de Azov, cuya costa concentra los polos agrícolas de Rostov y Krasnodar.

Los futuros de trigo en la bolsa Euronext subieron casi 4% tras conocerse la restricción a la navegación, su nivel más alto en seis semanas. La cifra mide, en tiempo real, cuánto pesa la guerra sobre el mercado de granos más allá del frente de batalla.

Mientras la campaña naval avanzaba, la ofensiva aérea rusa sobre ciudades ucranianas no se detuvo. El 10 de julio, siete ataques aéreos sobre la comunidad de Kramatorsk y la aldea de Bilenke, en la región de Donetsk, mataron a cuatro civiles (entre ellos un chico de 14 años y su hermana de 18) e hirieron a nueve personas, según reportó Al Jazeera. Kramatorsk declaró el 11 de julio un día de duelo. Ese mismo 10 de julio, un ataque con misiles sobre Odesa mató a dos personas; el saldo total de los bombardeos rusos de esa jornada en toda Ucrania llegó a nueve muertos y 77 heridos, de acuerdo con autoridades regionales.

El 11 de julio la ofensiva rusa golpeó además Zaporiyia con bombas guiadas: murió un policía de 22 años y 29 personas resultaron heridas, según el gobernador regional Ivan Fedorov. Horas antes, Rusia había lanzado 12 misiles sobre Kyiv, incluidos seis misiles balísticos Iskander-M y S-400, que dejaron 12 heridos.

La secuencia confirma el patrón que esta guerra sostiene desde principios de julio: cada bando busca el punto donde el daño económico duele más que el militar, mientras las ciudades ucranianas siguen absorbiendo el costo humano de los ataques nocturnos. Ninguna de las dos partes anticipó hasta el momento un cambio de estrategia para lo que resta del mes.