ANKARA, 10 de julio de 2026. La cumbre de la OTAN celebrada el 7 y 8 de julio en Ankara cerró con la guerra en Ucrania, la producción de defensa y el reparto de responsabilidades entre Estados Unidos y Europa como ejes de discusión. La reunión reunió a los jefes de Estado y de Gobierno en el complejo presidencial de Beştepe, bajo la presidencia del secretario general Mark Rutte.

La agenda oficial incluyó un foro de industria de defensa y encuentros con Volodymyr Zelenskyy. La presencia de Ucrania mantuvo la guerra en el centro de las conversaciones. Los ataques rusos contra ciudades ucranianas y las operaciones de Kyiv contra instalaciones energéticas rusas hicieron que la defensa aérea y la capacidad industrial tuvieran una referencia inmediata.

Rutte sostuvo en Ankara que no veía indicios de que Rusia buscara un conflicto con un miembro de la alianza, aunque citó violaciones del espacio aéreo de Polonia, Rumania y Estonia como hechos que requieren disuasión. La distinción es relevante: la OTAN puede reforzar capacidades sin afirmar que un ataque sea inminente.

La capacidad industrial y la defensa aérea quedaron en el centro de la respuesta aliada.

Trump afirmó que consideraría vender cazas F-35 a Turquía y que Estados Unidos permitiría a Ucrania fabricar sistemas Patriot. Ambas declaraciones abren procesos de autorización, contratos, producción y plazos, no entregas inmediatas. El resultado de la cumbre deberá medirse en presupuestos y contratos. La agenda que queda es más exigente para Europa y para la coordinación con Ucrania.