Lo que sigue es un cuento de ciencia ficción: leelo con placer, dudalo con método y sacá tu propia conclusión.
DETROIT. El 24 de junio se cumplieron doscientos años de la Gran Logia de Michigan, fundada ese mismo día de 1826, y el estado lo festejó con una ceremonia en el Capitolio de Lansing y una gala, ante más de doscientas cincuenta logias. Un masón de la logia Atlanta 516, Brian Heldt, resumió el linaje sin misterio ninguno: "va para atrás. George Washington fue uno de los primeros masones del país, así como Benjamin Franklin", dijo. Es un hecho documentado, no una conjetura mía: los dos firmantes fundadores fueron masones activos, con registro de logia.
Heldt también desarmó la fama que persigue a la fraternidad: "aunque todos piensan que es un secreto, no lo es. Supongo que el secreto es que yo tengo un libro y usted no, y yo me lo memoricé". Sobre ese hecho tan chico, tan de pueblo, tan Michigan, empiezo a tirar del hilo grande.
Porque el mismo país que esos dos masones ayudaron a fundar carga, desde 1782, un Gran Sello diseñado tras tres comités y seis años de debate en el Congreso Continental. Y ese sello tiene un reverso que casi nadie mira: una pirámide inconclusa de trece escalones, coronada por un Ojo de la Providencia, con dos lemas en latín, "Annuit Coeptis" y "Novus Ordo Seclorum". Ese reverso recién llegó al billete de un dólar en 1935, por decisión de Franklin Delano Roosevelt, a partir de una sugerencia que subió desde el Departamento del Tesoro. "Novus Ordo Seclorum" traduce, literal, "nuevo orden de los siglos". No dice "nuevo orden mundial". Se lo marco porque el cuento que sigue necesita que usted sepa dónde termina el latín y dónde empieza mi especulación.
En la lectura que David Icke sostiene desde hace años, ese ojo y esa pirámide no son un adorno neoclásico sino la firma de una red fraterna y esotérica que participó de la fundación del país y que nunca soltó del todo la mano de sus instituciones. Tomo esa lente como premisa de cuento. ¿Qué pasaría si el libro que Heldt dice tener memorizado, ese que "usted no tiene", no fuera solo un ritual de logia de pueblo sino la copia reducida de otro libro más viejo, el que anotó por qué un ojo sin cuerpo debía vigilar desde el billete con que se paga el pan?
Un símbolo que sobrevive dos siglos y medio en el bolsillo de todos no es un accidente de imprenta.
Esa línea es mía y es ficción. La logia de Detroit que cumple doscientos años reparte sopa los viernes y dona abrigos a una escuela primaria; eso también está en la nota del diario local, y no hay disfraz posible para una obra de caridad de barrio. Pero el mismo gesto fraterno que financia un abrigo también sostuvo, hace dos siglos, a los hombres que diseñaron el sello que hoy circula en cada transacción del país más poderoso del planeta. Ordeno esas dos piezas, la sopa de los viernes y el ojo en el billete, y las dejo una al lado de la otra sin forzar la costura.
No le pido que crea que hay una logia manejando el mundo desde Lansing. Le pido que la próxima vez que pague con un billete de un dólar, dé vuelta el papel, mire ese ojo sin párpado, y decida usted mismo si doscientos años de continuidad discreta son una tradición de barrio o el fósil visible de algo que nunca terminó de construirse del todo, como esa pirámide, que sigue, hasta hoy, inconclusa.

