Meta Platforms negocia alquilarle capacidad de cómputo a Anthropic por hasta 10.000 millones de dólares durante dos años, según una fuente con conocimiento directo de las conversaciones. El acuerdo, todavía en etapa temprana, marcaría la primera vez que Meta vende infraestructura de inteligencia artificial a un competidor directo en lugar de reservarla para sus propios modelos.
La propuesta salió de Anthropic, que se acercó a Meta en junio. Bajo los términos que se discuten, la empresa detrás del asistente Claude pagaría en cuotas mensuales durante los dos años del contrato, y ambas partes podrían rescindirlo antes de tiempo. Las negociaciones son confidenciales, siguen en una fase inicial y podrían no llegar a cerrarse. Ni Meta ni Anthropic respondieron a la consulta sobre el tema.
Las acciones de Meta cerraron con una caída superior al 2% el viernes en que se conoció la noticia, en medio de una baja generalizada del sector tecnológico, y recortaron parte de la pérdida en las operaciones posteriores al cierre.
Un giro de rol para Meta
Hasta ahora Meta construyó centros de datos para sostener Facebook, Instagram, WhatsApp, su negocio publicitario y sus propios modelos de IA. Convertirse en proveedor de cómputo para Anthropic la acercaría al terreno de Amazon, Microsoft y Google, y le daría una vía para recuperar parte de un gasto que Mark Zuckerberg proyectó en hasta 145.000 millones de dólares para 2026, más del doble de los 72.000 millones que la compañía gastó el año anterior.
Esa capacidad instalada superó, al menos por ahora, la demanda interna. Alquilar el excedente le permitiría a Meta generar ingresos mientras sus propios productos alcanzan el ritmo de esa inversión, en un negocio que empieza a conocerse como "neocloud" y que ya explotan firmas como CoreWeave.
Zuckerberg había anticipado el movimiento en la presentación de resultados de mayo:
Casi todas las semanas se acercan distintas empresas desde afuera pidiéndonos cómputo, que podrían comprarnos con algún tipo de sobreprecio respecto de lo que pagamos por él. No lo hicimos todavía porque creemos que tenemos un uso para ese cómputo.
Un acuerdo con Anthropic invertiría esa posición: los centros de datos de Meta dejarían de ser solo un costo para sostener sus propios productos y pasarían a ser un activo que también genera ingresos por fuera de ellos.
El patrón de Anthropic
La negociación con Meta no es un caso aislado. Anthropic viene diversificando de forma agresiva sus proveedores de cómputo durante 2026:
- En mayo firmó con SpaceX el uso de toda la capacidad del centro de datos Colossus 1, en Memphis. Las presentaciones regulatorias hablaban de hasta 45.000 millones de dólares en tres años, a razón de 1.250 millones mensuales, aunque Elon Musk aclaró después que el compromiso firme cubre un período inicial de 180 días con opción de salida para ambas partes.
- El 6 de julio cerró con la minera de bitcoin TeraWulf un contrato de 20 años por unos 19.000 millones de dólares para un centro de datos dedicado a IA.
- Sus acuerdos combinados con CoreWeave, que también trabaja con Meta, suman unos 21.000 millones de dólares en lo que va de 2026.
Frente a esos números, los 10.000 millones que se discuten con Meta equivalen a apenas una fracción del compromiso con SpaceX, pero pesan por otra razón: confirmarían que ni siquiera un gigante con capacidad propia como Meta escapa a la carrera por asegurar procesadores para modelos cada vez más grandes.
Lo que todavía no está confirmado
La cadena de reportes sobre este acuerdo empezó el 2 de julio, cuando la conversación trascendió por primera vez, y se confirmó de forma independiente el 17 de julio. Ninguna de las dos compañías la validó en público: Meta no respondió a la consulta y Anthropic, que según las mismas fuentes avanza hacia una salida a bolsa, prefirió no hacer comentarios.
La negociación está complicada, según esa misma fuente, por el hecho de que Meta nunca vendió su propio cómputo, lo que deja abierta la pregunta de si el acuerdo se firma en los términos actuales, se achica o directamente cae. Lo que ya quedó a la vista, esté o no la firma, es que la empresa que hasta hace poco solo consumía capacidad de cómputo para sus propios modelos ahora se sienta a negociar cuánto cobrarle a uno de sus rivales por prestársela.

