Lo que se resolvió el 26 de junio

El 26 de junio de 2026, La Garganta Poderosa comunicó que había decidido "avanzar en el corrimiento total de Nacho Levy de la organización", su referente histórico y cara más visible durante más de dos décadas. La medida, dice el texto, se tomó "de manera colectiva y consensuada" tras activar su protocolo de géneros en asamblea. No hubo denuncia penal ni intervención de un juez: hubo, primero, tres testimonios públicos, y después un acta interna.

La secuencia: quién habló, y cuándo

Empezó sin nombre. El 24 y el 25 de junio, la psicóloga y sexóloga Cecilia Ce, expareja de Levy, describió en Instagram un patrón que al principio no atribuyó a nadie en concreto: control en redes, privación del sueño y manipulación. "Están en redes revisando, controlando... seas vos la loca. Es metódico y persistente", escribió. Diario Río Negro reconstruyó esos posteos como el relato de "peleas metódicas destinadas a desequilibrar el sistema nervioso mediante la falta de descanso".

Al testimonio de Cecilia Ce se sumaron otros dos. La periodista de Crónica TV Sofía Monachelli relató al aire una relación de unos dos años y medio que, contó, empezó cuando ella era su alumna: "Yo cuando tenía dieciocho años, cerca del 2007, 2008, y estudiaba en Deportea, Nacho Levy era mi profesor". Y agregó: "Yo entendí después que había sido una relación violenta, que había sido una relación que me había llenado de inseguridades, de miedos". La actriz Gloria Carra, también expareja, expresó su solidaridad: "todas merecemos ser escuchadas, acompañadas y respetadas". Recién entonces, el 26, llegó el comunicado.

El comunicado, palabra por palabra

La organización no presentó el caso como un hecho aislado sino como una prueba de su propia regla. "Nuestro feminismo no es un discurso, es una práctica cotidiana", abrió el texto, antes de sostener que "lo sucedido es incompatible con la conducción de nuestra organización". La frase que más circuló fue una defensa del método: "No miramos para otro lado ni relativizamos los hechos".

La Garganta Poderosa marcó, además, qué no hizo. "No usamos el escrache y la cancelación porque no las creemos estrategias efectivas frente a la violencia machista", escribió, y admitió un límite incómodo para una entidad feminista: "ninguna organización está exenta de reproducir las prácticas violentas que busca combatir". Es, en sus propios términos, un reconocimiento de que el problema fue de adentro antes que de afuera.

Lo que el procedimiento no cierra

El apartamiento ordena la cara institucional del caso, pero no lo agota, y conviene decirlo con todas las letras. Hay una sola versión en acta: la de las denunciantes. Nacho Levy no emitió ningún descargo público ni respondió a la prensa, y sostiene, según los reportes, un silencio cerrado; sin su palabra, el procedimiento interno resolvió sobre un único relato.

Tampoco hay, hasta el cierre de esta nota, causa judicial. Río Negro precisó que "no se han registrado denuncias judiciales formales ni presentaciones en sedes públicas": el caso vive, por ahora, en las redes y en una asamblea, no en un expediente. Las conductas descriptas, de formalizarse una denuncia, encuadrarían en teoría en la Ley 26.485 de protección integral a las mujeres, que define como violencia psicológica la que causa "daño emocional, disminución de la autoestima o control de las acciones". En teoría: nada de eso fue todavía constatado por un tribunal. Lo que hay son denuncias públicas, no una condena, y la presunción de inocencia sigue en pie.

Por qué pesa: quién es La Garganta Poderosa

La Garganta Poderosa es la revista y la organización social villera que Levy ayudó a construir y de la que fue vocero durante más de veinte años, con trabajo en vivienda, derechos humanos y violencia institucional. Apartarlo no es un trámite de personal: corre a la figura que el espacio usó para hablar de violencias hacia afuera, en nombre del protocolo que decía aplicar puertas adentro. La organización resolvió esa contradicción por escrito y casi de inmediato; el resto, la versión que falta y la causa que no existe, queda fuera de lo que una asamblea puede decidir.