SAN FRANCISCO, 30 de julio de 2026. El fondo de cobertura Situational Awareness, fundado por el ex investigador de OpenAI Leopold Aschenbrenner, vendió la mayor parte de su cartera pública de acciones a Citadel, la firma de Ken Griffin, después de que las llamadas de margen de Goldman Sachs, JPMorgan y Bank of America forzaran una liquidación en un solo bloque antes de la apertura del mercado. Según reportó TechCrunch, los activos del fondo cayeron de un pico de 45.000 millones de dólares a unos 10.000 millones.
El fondo, que lleva el mismo nombre que el ensayo de 165 páginas que Aschenbrenner publicó en junio de 2024, había ganado 439 por ciento neto hasta fines de junio de este año apostando con un apalancamiento de hasta cuatro veces a semiconductores e infraestructura de inteligencia artificial: SK Hynix, SanDisk, Micron, CoreWeave, Bloom Energy y Nebius, entre otras posiciones. En julio esas acciones cayeron entre 30 y 47 por ciento en cuestión de semanas, en medio de una liquidación más amplia del sector: el índice de semiconductores de Filadelfia perdió 28,6 por ciento desde su pico del 22 de junio, y el índice Momentum TMT de Morgan Stanley cayó 53,5 por ciento. El apalancamiento, que multiplica las ganancias en la suba, hizo lo mismo en la baja: borró el capital propio que sostenía la deuda.
La carta que no convenció a nadie
El 24 de julio, mientras la cartera ya perdía valor, Aschenbrenner escribió a sus inversores que la caída era "una de las mejores oportunidades de compra desde comienzos del año pasado" e invitó a sumar capital fresco a partir del 1 de agosto, según TechCrunch. El capital no llegó. Seis días después, los bancos que financiaban el apalancamiento del fondo exigieron las garantías y Situational Awareness tuvo que malvender.
Un fondo que acertó el rumbo de una década entera terminó forzado a vender por no calcular lo que podía pasar en una sola semana de julio.
Esa distancia entre el pronóstico de largo plazo y el manejo del riesgo de corto plazo es, según TechCrunch, el núcleo del caso: Aschenbrenner nunca había operado mercados antes de lanzar el fondo en 2024.
Lo que le sobrevivió
Situational Awareness no desapareció. Lo que queda, ahora como vehículo de inversión privada, incluye una participación de 5.000 millones de dólares en Anthropic, además de posiciones en la fabricante de chips MatX y en la firma de centros de datos Fluidstack, según TechCrunch.
El ensayo, dos años después
El nombre del fondo no es casual: retoma el título del ensayo de Aschenbrenner sobre el ritmo de la inteligencia artificial, que en 2024 circuló como lectura obligada en Silicon Valley. Una evaluación pública de esas predicciones, dos años después, separa dos tipos de apuesta. Las técnicas resisten: el ritmo de escalado de cómputo y algoritmos, de aproximadamente medio orden de magnitud por año en cada uno, se mantuvo dentro de lo previsto, y la aceleración del gasto de capital en infraestructura de IA es, según esa evaluación, la predicción que más claramente se confirmó. Una de sus apuestas técnicas sí falló: anticipó que los modelos de pesos abiertos perderían terreno frente a los cerrados, y ocurrió lo contrario, con sistemas como DeepSeek V4 y Qwen 3.7 Max operando a apenas tres o seis meses de la frontera cerrada y a una fracción del precio. Las apuestas de geopolítica y gobierno, como un proyecto formal de Estados Unidos para inteligencia artificial general en 2027 o 2028, siguen sin resolverse.
Ese balance, hecho sobre el papel, es el mismo que el mercado acaba de hacer sobre el dinero: la lectura del futuro tecnológico de Aschenbrenner sigue en pie en buena parte; la lectura del riesgo de julio, la que un operador de mercados con más historia detrás podría haber anticipado, fue la que le costó 35.000 millones de dólares en semanas.

