Tomá esto como un cuento de ciencia ficción: ficción armada con piezas reales, a leer con placer y a dudar con método. Sacá vos la conclusión.

WASHINGTON. Contemos una historia sobre un candado que se arma en dos partes, y que quizás no sean dos partes sino una sola mano. Empiezo por lo que consta, con fecha y firma.

El 24 de febrero de este año, el secretario de Defensa Pete Hegseth le exigió a Anthropic que le entregara al Pentágono una versión de Claude "libre de las restricciones de uso que puedan limitar aplicaciones militares legales". Anthropic dijo que sí a casi todo y que no a dos cosas puntuales: nada de vigilancia masiva sobre ciudadanos estadounidenses, nada de armas totalmente autónomas que disparen sin que un humano decida. Por esa negativa, la Casa Blanca ordenó a todas las agencias federales dejar de usar la tecnología de la empresa, y Hegseth la declaró "riesgo de cadena de suministro", una etiqueta que hasta entonces se reservaba para actores extranjeros adversarios como Huawei.

Anthropic demandó, y en marzo la jueza federal Rita F. Lin bloqueó las tres medidas con una orden de 43 páginas. Ahí dejó una frase que vale citar entera.

"Nada en la ley que rige esto respalda la noción orwelliana de que una empresa estadounidense puede ser tildada de adversario potencial" por negarse a un pedido como el del Pentágono.

Según la lectura que propone Zero Hedge sobre el fallo, un escrito amicus presentado en la causa llegó a describir la maniobra del gobierno como "intento de homicidio corporativo", y la propia jueza dijo que las medidas "hubieran dejado lisiada" a la empresa. El medio encuadra el episodio entero como una represalia disfrazada de hallazgo de seguridad, no como un hallazgo de seguridad real.

Hay un segundo hecho, más discreto, que corre en paralelo. El 13 de junio, el gobierno le ordenó a Anthropic bloquear el acceso de cualquier ciudadano extranjero, dentro o fuera de Estados Unidos, a dos de sus modelos, Fable 5 y Mythos 5, invocando riesgos de jailbreak y capacidades de ciberseguridad. Y el 2 de junio, antes de todo eso, el presidente Trump había firmado la Orden Ejecutiva 14409, que le dio al gobierno sesenta días para diseñar un proceso clasificado de evaluación que determine qué modelos de inteligencia artificial cuentan como "de frontera cubiertos", más un marco voluntario para pedir hasta treinta días de acceso anticipado a esos modelos antes de su lanzamiento público. El criterio que define qué modelo queda "cubierto" es, él mismo, clasificado. Nadie lo conoce. Ese plazo de sesenta días vence hoy.

El cuento que arma con eso

Acá empieza lo que invento. ¿Y si el expediente clasificado que se cierra hoy no es un trámite separado de la pelea con Anthropic, sino la misma mano, con guante nuevo? Un juez puede tumbar una etiqueta pública como "riesgo de cadena de suministro": lo acabamos de ver. Pero nadie puede tumbar un criterio que nunca se hizo público. Si el gobierno quiere el mismo resultado (acceso garantizado a cualquier modelo que decida importar, sin que una empresa pueda negarse invocando sus propias barreras) el camino clasificado no necesita pedir permiso ni dar explicaciones. Solo necesita una lista de "modelos cubiertos" que nadie fuera del expediente puede leer.

  • Un hecho: la etiqueta pública fracasó en los tribunales.
  • Un hecho: el mecanismo clasificado vence hoy y no rinde cuentas a nadie.
  • Mi conjetura, y marcada como tal: el segundo pudo diseñarse a partir de las costuras exactas que dejó al descubierto el primero.

No tengo un documento que lo diga. No hay filtración, no hay memo, no hay nombre propio detrás de esa lectura, solo la secuencia de fechas y el hecho de que una puerta clasificada no necesita ganarle a un juez, le alcanza con que nadie sepa que existe. Quizás sea así de simple: una coincidencia de calendarios entre una demanda que se resolvió en marzo y una orden que vence en agosto. O quizás la coincidencia sea el punto.

¿Qué pregunta te queda si las dos fechas se tocan?