Cientos de personas marcharon el 20 de agosto de 2026 por el centro de Túnez para pedir la salida del presidente Kais Saied y el retorno a la democracia, en la segunda protesta convocada en un mes contra su gobierno. La movilización sumó tanto a militantes opositores de larga data como a personas que participaban por primera vez en una manifestación, entre ellas influencers de redes sociales, según Al Jazeera.
Detrás del reclamo político hay una crisis material concreta. Una ola de calor extremo dejó a buena parte del país sin agua ni electricidad: en julio la temperatura llegó a 50 grados centígrados en algunas zonas, la demanda eléctrica tocó un récord de 6.000 megavatios el 21 de julio y la eléctrica estatal STEG debió racionar el servicio en varias regiones. Los cortes alcanzaron también a las plantas de bombeo de agua potable, que ya arrastraban problemas de abastecimiento.
Los manifestantes corearon la consigna que la revolución de 2011 instaló en Túnez, "el pueblo quiere la caída del régimen", junto a otra dirigida puntualmente contra los cortes: "sin agua, sin electricidad, solo prisión y aumento de precios". Reclaman además la liberación de dirigentes opositores, activistas y periodistas presos.
La protesta la convocó Nafas, una iniciativa lanzada en mayo de 2026 que busca reunir a partidos políticos y figuras independientes por fuera de la oposición tradicional a Saied, en torno al agua, la electricidad y los alimentos. El movimiento describe la situación actual como una falla de gobierno y una injusticia que afecta por igual a votantes de distintos signos políticos.
"El pueblo quiere la caída del régimen"
La fecha no es casual: el 25 de julio pasado, unas 2.500 personas ya habían marchado en Túnez para marcar el quinto aniversario del autogolpe de Saied. El 25 de julio de 2021 destituyó al gobierno y suspendió el Parlamento; meses después lo disolvió por completo y empezó a gobernar por decreto.
Desde entonces concentró también el control sobre la Justicia: disolvió el Consejo Superior de la Magistratura y destituyó a decenas de jueces, con el argumento de combatir la corrupción judicial. Organizaciones internacionales de derechos humanos condenaron la medida y la describieron como un ataque a la independencia de los tribunales.
Cinco años después de aquel 25 de julio, la calle vuelve a pedirle a Saied que se vaya. Esta vez el reclamo llega con una demanda inmediata y verificable en cada casa tunecina: que vuelva la luz y que vuelva el agua.
