El Gobierno salió a festejar el crecimiento. Los precios contaron otra cosa. La inflación, que la gestión de Javier Milei había bajado del 68,2% interanual de diciembre de 2024 al 22,1% en agosto de 2025, dejó de caer y volvió a subir: 31,7% interanual en abril de 2026, según los datos que recogió la prensa económica. La curva que el oficialismo exhibía como su mayor logro se dio vuelta, y lo hizo justo cuando el Presidente repetía que la economía "empieza a expandirse".
El número que se dio vuelta
La desaceleración era real y nadie seria la discute: del 68,2% al 22,1% en ocho meses es una caída pronunciada. Pero el dato que el oficialismo no pone en la primera línea es que la tendencia se invirtió a partir de septiembre de 2025 y, para abril de 2026, el índice volvió al 31,7%. No es el 68% del arranque, pero tampoco es la curva en descenso que se sigue mostrando en cada acto. El título dice estabilización; el cuerpo, rebote.
La imagen, en su piso
La política suele llegar tarde a los números, pero esta vez llegó a tiempo. Management & Fit midió una desaprobación al Gobierno de 58,1%, seis puntos de imagen negativa más que el mes anterior, ambos en máximos de la gestión. Hugo Haime relevó una desaprobación del 61% y una aprobación que apenas se movió del 34% al 35%. Zuban Córdoba ubicó el rechazo por encima del 64%. Las consultoras no coinciden en el decimal y conviene decirlo: algunas leen una leve estabilización, otras un deterioro que se profundiza. Lo que ninguna muestra es una imagen en alza. "El gobierno de Milei ya es otro gobierno", tituló La Nación, y la frase, por una vez, no es una opinión: es la lectura compartida de Infobae, Perfil y la Política Online sobre el mismo conjunto de encuestas.
La distancia de siempre
Entre lo que un gobierno anuncia y lo que un gobierno muestra hay, casi siempre, una distancia. El Presidente sostiene, en la comunicación oficial, que el país "está saliendo de un siglo de declive" y que la economía empieza a expandirse. Es posible que algunas variables acompañen ese relato. Pero el precio que paga una familia por la comida volvió a acelerarse, y la sociedad, que es la que paga, lo registró en las encuestas antes que en los discursos. No hace falta el adjetivo: alcanza con poner el 22,1% y el 31,7% uno al lado del otro, y la fecha de cada uno, para que el lector saque su propia cuenta. Eso es lo que se decidió, otra vez, en su nombre.

