BAGDAD, 29 de julio. Aviones de combate de Arabia Saudita y Estados Unidos bombardearon el martes por la noche y la madrugada del miércoles sitios logísticos y depósitos de armas de milicias proiraníes en siete provincias iraquíes, de Kirkuk a Basora, con blancos también en Nínive y Diyala. Las Fuerzas de Movilización Popular (PMF, el paraguas de las milicias iraquíes con estatus oficial) reportaron al menos 20 muertos y 32 heridos en los ataques conjuntos, según confirmaron tanto Al Jazeera como teleSUR. Es la primera vez que Arabia Saudita participa en combate directo dentro de la guerra que Washington libra contra Teherán desde febrero.
La orden de Riad
El Ministerio de Defensa saudita dijo que los bombardeos respondieron a más de 30 ataques con drones lanzados en las últimas 72 horas contra instalaciones petroleras de la Provincia Oriental y contra la capital, Riad, y sostuvo que las defensas antiaéreas del reino interceptaron y destruyeron varios de esos aparatos. Riad atribuyó los lanzamientos a "milicias terroristas alineadas con Irán" que operan "desde territorio iraquí", según el comunicado que reprodujeron RT y Al Jazeera. El Pentágono no detalló su propio rol operativo en la misión conjunta más allá de confirmar la participación de CENTCOM.
Bagdad rechaza la agresión
El Consejo de Seguridad Nacional de Irak, que preside el primer ministro Ali al Zaidi, calificó los bombardeos de "violación flagrante de la soberanía de Irak y la santidad de su territorio" y de "una agresión que contraviene el derecho internacional". El vocero de las fuerzas armadas iraquíes exigió a Riad y Washington "pruebas y evidencia" de que los ataques atribuidos a las milicias partieron efectivamente de suelo iraquí. Al Zaidi canceló, en respuesta, el que iba a ser su primer viaje oficial a Arabia Saudita, previsto para este jueves.
"Violación flagrante de la soberanía de Irak y la santidad de su territorio."
La frase, del propio Consejo de Seguridad Nacional iraquí, resume el punto en disputa: ni Bagdad ni las milicias señaladas reconocen la versión saudita de los hechos.
Las milicias, entre la negación y el ultimátum
La Resistencia Islámica de Irak, el frente que agrupa a los grupos armados proiraníes, negó haber atacado instalaciones sauditas y calificó los señalamientos de Riad de "fabricaciones". Kataib Hezbollah, una de las facciones del frente, fue más allá: dio al gobierno iraquí plazo hasta el 6 de agosto para "defender la soberanía" del país y advirtió que una respuesta militar contra "intereses estadounidenses" en suelo saudita es, en sus palabras, "inevitable". Ninguna de las dos declaraciones aporta evidencia propia sobre quién disparó los drones que Riad dice haber interceptado.
Jordania frena los misiles iraníes
Mientras los bombardeos caían sobre Irak, la Guardia Revolucionaria de Irán lanzó misiles balísticos contra la base aérea de Muwaffaq Salti y contra la sede regional de CENTCOM en Jordania, según la agencia oficial iraní IRNA. El ejército jordano informó que interceptó y destruyó cinco misiles y que no hubo heridos ni daños. Horas antes, Washington había reportado haber derribado una andanada distinta de misiles iraníes dirigida contra fuerzas estadounidenses en la región, sin precisar bajas.
La secuencia convierte a Jordania, que no es parte declarada del conflicto, en blanco por segunda vez en el mes del fuego iraní dirigido contra fuerzas estadounidenses en su territorio.
Una pausa que duró dos días
El martes rompe una tregua de facto: el 27 de julio Washington había detenido sus bombardeos tras casi dos semanas de ataques continuos, y Teherán respondió con moderación el domingo siguiente. Ese mismo martes 29, Omán había propuesto un esquema de tasas de tránsito para reabrir por completo el estrecho de Ormuz mientras las partes seguían negociando. La entrada de Arabia Saudita como beligerante directo, hasta ahora ausente del frente de combate pese a alojar activos militares estadounidenses, abre una escala distinta: ya no se trata solo de Washington y Teherán, sino de un tablero con Riad y Bagdad como actores con bajas propias y cuentas pendientes entre sí. El plazo que Kataib Hezbollah fijó para el 6 de agosto es, por ahora, la próxima fecha a mirar.
