La fábrica infinita de simulacros
No copia la realidad: la reemplaza con superficies creíbles, y a nosotros nos usa de materia prima.
Leo la IA generativa con Baudrillard y Foucault: el slop que entierra al original, el modelo que habla con la confianza prestada del archivo, la alucinación que simula saber y la adulación que simula reconocernos, el chat vuelto confesionario y los datos vueltos vigilancia. El peligro no es que la máquina mienta, sino que nos enseña a aceptar la forma de la verdad sin la carga de lo real.

