El Departamento del Tesoro de Estados Unidos lanzó el lunes 24 de agosto la "Operation Economic Outcast", una campaña de sanciones contra Irán que designó a cerca de sesenta entidades radicadas en Hong Kong, China continental, Malasia, los Emiratos Árabes Unidos y Singapur, según el propio comunicado del Tesoro. La agencia sostiene que esas firmas ayudaron a lavar ingresos petroleros iraníes, a procurar tecnología sensible y a sostener la flota de buques que Teherán usa para eludir controles. El mismo día venció, sin renovarse, el Memorando de Islamabad, el acuerdo que en junio había puesto fin a la guerra abierta entre ambos países.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, presentó la jornada como un "economic D-Day" contra el gobierno iraní y describió la operación como el esfuerzo para "sever every remaining economic lifeline sustaining" al régimen, de acuerdo con su comunicado oficial. El Departamento de Estado detalló que las nuevas determinaciones sectoriales apuntan a cinco áreas: activos digitales, tecnología, oro, aviación y transporte marítimo. La Casa Blanca tituló su propia ficha sobre la medida "Total Isolation of the Iranian Regime".

Irán dice estar preparado, China rechaza la medida

El ministro de Economía iraní, Ali Madanizadeh, respondió que el país está "fully prepared for the US sanctions". Irán, a la vez, dejó abierta la puerta a una respuesta militar y a recortar todavía más sus exportaciones de crudo por el Golfo si Washington profundiza la presión económica.

La cancillería china fue más lejos. Su portavoz, Lin Jian, calificó la medida de "illicit unilateral sanctions that have no basis in international law or the authorization of the UN Security Council" y advirtió que Beijing "will do everything necessary to firmly safeguard its rights and interests".

"Economic warfare and maximum pressure provide no solution. On the contrary, they only serve to fuel tensions and lead to risk spillover."

Lin agregó que la cooperación de China con Irán se desarrolla "within the framework of international law" y que, por lo tanto, "should not be disrupted". Según Al Jazeera, fuente asignada de esta sección, la Casa Blanca describió la ofensiva como una "guerra económica global" contra Teherán, el mismo término que Beijing usa para denunciarla.

Un memorando que ya nadie sostiene

El Memorando de Islamabad lo firmaron Donald Trump y el presidente iraní Masoud Pezeshkian el 17 de junio, con mediación de Pakistán. El texto fijaba un cese de hostilidades, el fin de las sanciones estadounidenses y un plazo de sesenta días para negociar un acuerdo definitivo.

Ese plazo venció el lunes, sin acuerdo de continuidad, y ambos gobiernos se acusan mutuamente de haberlo incumplido. El presidente del parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, sostuvo que fue Estados Unidos el que, "by failing to uphold its commitments, prevented stability from being established in the region" y que ese incumplimiento alimentó "yet another reason for mistrust" entre ambos países. Pakistán, mediador original del texto, mantiene gestiones con funcionarios iraníes para reactivarlo, aunque sin un canal público equivalente con Washington.

La otra medida del cerco

Las nuevas sanciones llegan mientras el tráfico petrolero por el Estrecho de Ormuz, la vía por la que Irán exporta la mayor parte de su crudo, sigue lejos de los niveles previos a la guerra:

Mes (2026) Exportación promedio
Mayo 1,6 millones de barriles diarios
Junio 4 millones de barriles diarios
Julio 5 millones de barriles diarios

La cifra de julio marca una recuperación sostenida desde el mínimo de mayo, pero el número de buques que cruzan el estrecho continúa muy por debajo de los 130 tránsitos diarios que se registraban antes del conflicto, a veces apenas de dos dígitos. Queda por verse si el nuevo paquete de sanciones revierte esa recuperación o si, como en meses anteriores, el comercio iraní vuelve a encontrar la forma de sortearlo.