Como siempre sostengo, hay una distancia enorme entre lo que un político promete y lo que ese mismo político te cuesta. Por eso celebro que la motosierra estatal haya vuelto a encenderse con fuerza en la Casa Rosada. A través del DNU 571/2026, el presidente Javier Milei oficializó la disolución del histórico Ministerio del Interior, reduciendo la estructura del Estado de nueve a ocho ministerios.

Para quienes miramos planillas de gasto público hasta que los números nos hicieron desconfiar del Estado para siempre, esta simplificación no es una mera formalidad burocrática: es un paso fundamental para acelerar la consecución del déficit cero al eliminar las duplicaciones de funciones y agilizar la relación con los gobernadores y el Congreso.

La absorción del Ministerio del Interior por parte de la Jefatura de Gabinete no busca acumular poder sin sentido, sino ordenar un organigrama que durante décadas sirvió para financiar militancia y dilatar decisiones. La nueva estructura elimina intermediarios innecesarios. Para coordinar este gigante administrativo, Diego Santilli se apoyará en dos vicejefaturas clave.

De acuerdo con lo reportado por Infobae, Guillermo Ignacio Devitt asumirá como Vicejefe de Gabinete para encargarse del trabajo fino en el Congreso, además de coordinar las áreas de Asuntos Estratégicos, Ciencia, Innovación, Turismo, Ambiente y Deportes. Por su parte, Gustavo Coria ocupará la Vicejefatura de Gabinete del Interior, enfocándose en la relación territorial directa con las provincias y municipios, la gestión de Asuntos Políticos, la Reforma Política, el Registro Nacional de las Personas (Renaper) y la Dirección Nacional Electoral (DINE).

Esta división de tareas permite que la articulación parlamentaria y la negociación federal dejen de ser un laberinto de oficinas y se conviertan en una línea de ejecución rápida. La meta es clara: que la ingeniería de las reformas estructurales no dependa de intermediaciones políticas costosas.

La izquierda y el progresismo no tardaron en poner el grito en el cielo, como si la existencia de un ministerio físico garantizara la felicidad de la población. Medios opositores como El Destape salieron a denunciar una supuesta concentración excesiva de poder político en la Jefatura de Gabinete. Sin embargo, los datos macroeconómicos desmienten el relato de la catástrofe. Cada estructura burocrática eliminada representa un ahorro en choferes, secretarios, alquileres y viáticos que pagan los contribuyentes con sus impuestos.

Como señala la cobertura de La Derecha Diario, esta reducción de ministerios es un hito para la consolidación fiscal. Con solo ocho ministerios activos (Relaciones Exteriores; Defensa; Economía; Justicia; Seguridad; Salud; Capital Humano; y Desregulación y Transformación del Estado), la administración pública se vuelve más liviana. El equilibrio fiscal no se negocia y la motosierra estructural es el único camino viable para evitar la inflación y asegurar la estabilidad de la moneda.

La relación con las provincias y el Congreso, antes fragmentada, ahora se resolverá en una sola mesa. De esta manera, el gobierno busca asegurar el apoyo de los gobernadores aliados para los debates legislativos que se avecinan, tal como lo destaca Página 12. En vez de negociar partidas presupuestarias discrecionales para comprar voluntades políticas como se hacía en el pasado, la Jefatura de Gabinete centralizará las transferencias automáticas y las obras públicas cofinanciadas, bajo criterios estrictos de eficiencia técnica.

El traspaso de competencias, que incluye al Registro Nacional de las Personas (RENAPER) y al sistema electoral, según detalló Todo Noticias (TN), garantiza que la administración del Estado se guíe por principios de simplificación tecnológica y desregulación, allanando el camino para futuras reformas que consoliden el crecimiento económico argentino a largo plazo.