Ocho ataques aéreos israelíes impactaron en la madrugada del martes 18 de agosto contra la base de Abu al-Duhur, en la provincia siria de Idlib, cerca de Alepo y a pocos kilómetros de la frontera con Turquía. Los proyectiles dañaron la pista y las instalaciones de almacenamiento del predio; no se reportaron víctimas, según confirmaron Al Jazeera y teleSUR.
La Oficina del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, reivindicó el ataque horas después en un comunicado difundido en la red social X. Según ese texto, Israel y Siria mantenían un statu quo de seguridad que Damasco estaba "a punto de violar" al permitir que tropas turcas se desplegaran en la base cercana a Alepo. La oficina de Netanyahu sostuvo que había advertido "reiteradamente" ese riesgo antes de bombardear.
Netanyahu amplió la justificación en declaraciones públicas:
"El mensaje fue transmitido con total claridad: No. Aparentemente no lo escucharon lo bastante claro, así que nos aseguramos de que lo entendieran mejor."
El primer ministro dijo que Israel "no va a tolerar una presencia militar turca en Siria" que lo amenace, y que el ataque buscaba forzar un regreso al statu quo previo al intento de despliegue turco.
Washington toma distancia
El enviado especial de Estados Unidos para Siria y embajador en Turquía, Tom Barrack, calificó los bombardeos de "una escalada innecesaria que no contribuye a la estabilidad regional", según reportaron Al Jazeera, RT y teleSUR. Barrack afirmó que Washington no fue consultado antes del ataque y dijo que su gobierno trabaja en un mecanismo de coordinación entre Israel, Siria y Turquía para reducir el riesgo de un choque militar directo por error.
El respaldo público de Barrack a la lectura siria y turca expone una fricción que crece entre Netanyahu y la Casa Blanca por el papel que cada uno reclama en la Siria posterior a la caída de Bashar al Asad, mientras Washington intenta sostener su propio esquema de estabilización para el país.
Dos versiones sobre lo mismo
| Israel sostiene | Siria y Turquía sostienen |
|---|---|
| Damasco violaba un statu quo de seguridad acordado al permitir tropas turcas en la base | No hubo tal violación; Turquía rechaza la versión israelí y la llama insostenible |
| El ataque restauró la disuasión y previno una amenaza futura | El ataque es una provocación injustificada y una violación de la soberanía siria |
El canciller sirio, Asaad al-Shibani, condenó lo que llamó "agresión israelí" y la definió como "una provocación injustificada, una violación de la soberanía de Siria y una amenaza directa a la estabilidad regional y global". Turquía acusó además a Netanyahu de perseguir una política expansionista en la región.
El aviso que llegó antes del ataque
Días antes del bombardeo, el jefe del Mossad, Roman Gofman, mantuvo un contacto telefónico con Al-Shibani para trasladarle la preocupación israelí por la presencia turca cerca de Alepo. El llamado no impidió la escalada: la base fue atacada de todos modos, un margen de horas que sitúa la advertencia diplomática y la acción militar como movimientos paralelos.
Una región que ya eligió bando
Catar, Egipto y Arabia Saudita condenaron los ataques israelíes en declaraciones separadas en las horas posteriores al bombardeo. Ningún gobierno árabe salió a respaldar la versión de Netanyahu.
El tablero sirio después de Asad
Desde la caída del gobierno de Bashar al Asad en diciembre de 2024, Israel y Turquía compiten por moldear el rearme y el reordenamiento militar de Siria, cada uno con su propia lectura de qué presencia extranjera representa una amenaza. Ni Israel ni Turquía dieron señales, hasta el cierre de esta nota, de retirar tropas o suspender sus planes en la zona.
