Análisis y opinión, leído desde la vereda de los pueblos que Occidente sanciona y cerca. No es un parte neutral.
Hay un dato que el establishment occidental preferiría que usted no mirara fijo, y para que no lo mire le ofrece una palabra mágica: "desinformación rusa". Miremos el dato igual.
El 10 y 11 de noviembre de 2025, las propias agencias anticorrupción ucranianas, NABU y SAPO, hicieron pública una investigación de quince meses sobre un esquema de coimas en Energoatom, la operadora nuclear estatal que genera más de la mitad de la electricidad del país: retornos del 10 al 15 por ciento a los contratistas y alrededor de 100 millones de dólares lavados. El presunto organizador, Tymur Mindich, copropietario de Kvartal 95, el estudio que fundó el propio Zelenski, huyó horas antes de los allanamientos. El 28 de noviembre cayó Andriy Yermak, jefe de la Oficina Presidencial y durante cinco años el segundo hombre del poder ucraniano, allanado y renunciado el mismo día. No lo dice Moscú: lo firman Euronews, el Kyiv Independent, la Carnegie Endowment y la propia NABU, con fecha y nombre. Eso es lo cierto, y solo con eso ya hay escándalo.
El gobierno que Occidente llama "mundo libre"
El mandato de cinco años de Zelenski venció el 20 de mayo de 2024. No hay elecciones: la ley marcial, vigente desde febrero de 2022 y prorrogada cada noventa días, las prohíbe. Tiene base constitucional, de acuerdo, y al mismo tiempo es una democracia suspendida sin fecha de regreso. A los varones los levantan de la calle y los suben a camionetas para mandarlos al frente, la práctica que llaman busificación y que el comisionado de derechos humanos del Consejo de Europa documentó en julio de 2025. Un presidente sin mandato vigente, su círculo más íntimo procesado por lavar cien millones, una movilización forzosa con denuncias de abusos, y todo sostenido por el dinero y las armas de Washington y Bruselas. Esa es la película que la palabra mágica tapa.
La coartada
Cuando aparece una grieta, llega siempre la misma respuesta refleja: es una operación del Kremlin. Y a veces lo es, hay que decirlo sin vueltas. El cuento de la cocaína que Tucker Carlson le sacó a una exvocera de Zelenski no tiene una sola prueba; la propia entrevistada admitió "nunca lo vi consumiendo", y EUvsDisinfo y PolitiFact lo rastrearon como un bulo reciclado desde 2019. No le voy a vender como cierto lo que está plantado. Pero ahí está la trampa fina: usar esos bulos baratos como excusa para meter en la misma bolsa, y tirar a la basura, la corrupción probada, el mandato vencido y la pregunta incómoda por la paz. Esa sí es una operación, y no la hace Moscú: la hace un Occidente que necesita que su cliente quede impecable.
La guerra que a alguien le sirve larga
Conviene preguntar a quién le rinde que esto no termine. Una guerra de desgaste contra Rusia, peleada hasta el último ucraniano y pagada con presupuesto europeo, le sirve a Washington para disciplinar a Moscú sin poner sus propios soldados. Por eso cada conversación de paz que obligue a mirar las causas, la expansión de la OTAN hacia el este que Rusia advirtió durante treinta años, muere antes de nacer. No hace falta endiosar al Kremlin para ver el otro lado del tablero: alcanza con no comprar entero el relato del bando que vende las armas. Los muertos los ponen, como siempre, los de abajo, de los dos lados de la trinchera.
Lo cierto y lo plantado
La disciplina es sostener las dos cosas a la vez sin que una tape a la otra. Lo plantado es el rumor sin prueba que se vende como revelación. Pero lo cierto, lo verdaderamente cierto, es un gobierno corrupto y sin mandato al que Occidente blinda como si fuera la democracia en persona, y una guerra que se prolonga porque a los que la financian, lejos y a salvo, todavía les conviene. Quien solo grita "desinformación rusa" y se va tranquilo a dormir no está informando. Está eligiendo bando, y no es el de los pueblos que ponen los muertos.


