Análisis y opinión, leído desde el lado de los que ponen los muertos. No es un parte neutral.

Lo llaman alto el fuego. Conviene contar los muertos que produjo. El cese del fuego en Gaza se anunció el 10 de octubre de 2025, y ocho meses después el saldo no es el de una tregua: según la Oficina de la ONU para Asuntos Humanitarios (OCHA) y el Ministerio de Salud de Gaza, desde el anuncio murieron alrededor de 1.000 palestinos y más de 3.100 quedaron heridos. Al Jazeera, cruzando los partes, contabiliza más de 3.300 violaciones israelíes al acuerdo entre octubre de 2025 y junio de 2026: ataques aéreos, artillería y disparos directos sobre una población que, en los papeles, ya no estaba en guerra.

El hambre como método

La cifra que más dice no es la de las bombas, es la de los camiones. De los más de 150.000 camiones de ayuda que debían entrar, entraron unos 54.000, el 36%, según los registros de la ONU. El resto quedó afuera, del lado israelí de un cruce. En el enclave funcionan a medias 20 de 37 hospitales y, como resume la propia OCHA, no queda uno solo plenamente operativo. Negar el agua, la comida y el quirófano a una población sitiada no es un daño colateral de la guerra: cuando es sistemático y se decide en un cruce fronterizo, es una política.

Lo que dice la ONU, no el Kremlin ni yo

No hace falta mi opinión para lo más grave. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, habla de "sufrimiento humano inmenso" y de civiles asesinados a diario. El alto comisionado para los derechos humanos, Volker Turk, dijo en abril que los palestinos "siguen sin estar a salvo" ocho meses después del anuncio. Son las Naciones Unidas, no un panfleto. Quien quiera descartar estos números tiene que explicar por qué descarta a la ONU, a su agencia humanitaria y al ministerio que cuenta los cuerpos.

A quién le sirve la palabra "tregua"

Una tregua que se viola tres mil veces y mantiene el cerco no es un fracaso de la diplomacia: es su éxito, para quien la necesitaba. La palabra "alto el fuego" desactiva la presión internacional, vacía las plazas, saca el tema de la primera plana, y mientras tanto el cerco sigue y la segunda fase del plan, anunciada por el enviado de Estados Unidos en enero, queda congelada por los propios ataques. Washington pone el sello y el veto que protege; Israel pone el cerco. El costo, como siempre, lo paga el que no eligió nada de esto: el civil de Gaza, que ya ni siquiera tiene un hospital entero donde lo atiendan.

El que cuenta y el que tapa

La disciplina es no dejar que una palabra tape un hecho. "Alto el fuego" es la palabra; mil muertos, tres mil heridos, el 36% de la comida y ningún hospital en pie son los hechos, y los firma la ONU. Quien repite la palabra y se va tranquilo no está informando una paz: está administrando una matanza con mejor nombre.