Tome lo que escribo como un cuento de ciencia ficción: léalo con gusto, dúdelo con método y, al final, decida usted.

El jueves 25 de junio la Oficina de Análisis Económico de Estados Unidos (BEA) publicó el PCE de mayo, la medida de inflación que la Reserva Federal mira antes que ninguna otra. El núcleo subió a 3,4% interanual, desde 3,3% en abril, y avanzó 0,3% en el mes, contra 0,2% del registro previo: la lectura mensual más caliente desde octubre de 2023. El índice general fue más ruidoso todavía, con un salto a 4,1% interanual desde 3,8% y un avance mensual de 0,4%. Trading Economics y Yahoo Finance reflejaron el mismo cuadro: el costo de vida volvió a acelerar justo cuando se lo daba por domado.

Wall Street leyó el número en una sola dirección. Bill Adams, economista jefe de Fifth Third, sostuvo que la cifra aumenta «la probabilidad de que la Fed suba tasas en los próximos 12 meses». Ellen Zentner, de Morgan Stanley, lo describió ante CNBC como «un recordatorio de que la inflación sigue muy por encima de la meta». Los mercados, que semanas atrás coqueteaban con recortes, pasaron a descontar cerca de 50% de probabilidad de un alza de 25 puntos básicos en septiembre.

Ahora pongamos dos fechas una al lado de la otra. El 17 de junio, ocho días antes, la Reserva Federal mantuvo la tasa en 3,50% a 3,75% en la primera reunión presidida por su nuevo titular, Kevin Warsh. En ese mismo encuentro el «dot plot», el gráfico donde cada miembro anota hacia dónde cree que irán las tasas, dejó de proyectar un recorte y pasó a contemplar una suba. El recién llegado heredó, o construyó, un consejo inclinado hacia el lado duro. Y ocho días después, el indicador que la Fed trata como su brújula apareció con la cifra exacta que ese movimiento necesitaba para sostenerse.

No afirmo que alguien haya escrito el guion. Observo que la secuencia tiene la prolijidad de un guion. Un presidente estrena silla y empuja el tablero hacia el endurecimiento; el mercado titubea; y antes de que el titubeo cuaje, el número oficial respalda la maniobra. La estadística no se teclea a voluntad, eso lo sabemos: el PCE de mayo mide compras de mayo, hechas por millones de personas que jamás oyeron nombrar un «dot plot». La coincidencia no necesita culpables para incomodar.

¿Qué haría usted con tres piezas que encajan demasiado bien? El viraje del 17, el silencio de ocho días, la validación del 25. Yo no las uno con una flecha. Las dejo sobre la mesa, con sus fechas y sus decimales, y le devuelvo la moneda para que la haga girar.