Trump anunció en mayúsculas que Irán "solicitó una reunión" y que se celebrará mañana, martes, en Doha, con Steve Witkoff y Jared Kushner al frente del equipo estadounidense, según confirmó la Casa Blanca. Teherán lo niega: su vicecanciller, Kazem Gharibabadi, dijo que la cita "no puede confirmarse" y que solo habrá conversaciones cuando los mediadores acuerden hora y lugar, y un alto funcionario iraní sostuvo que "no hay reuniones planeadas". La disputa por quién convocó a quién no es un detalle protocolar: ocurre dentro de la ventana de 60 días que abrió el acuerdo de junio sobre el programa nuclear, con Qatar como sede y custodio de unos 12.000 millones de dólares en activos iraníes congelados, y mientras el Estrecho de Ormuz sigue siendo el verdadero rehén de la escalada.
El norte de Venezuela se movió dos veces el miércoles 24 de junio: un sismo de magnitud 7,2 y, treinta y nueve segundos después, otro de 7,5, ambos a unos diez kilómetros de profundidad. La combinación de superficial y potente dejó más de 1.400 muertos, trece hospitales fuera de servicio y morgues desbordadas sobre una sanidad ya quebrada, y disparó una respuesta internacional que incluye un equipo británico de 68 rescatistas.
El alto el fuego en Gaza se anunció el 10 de octubre de 2025. Desde entonces, según la ONU y el Ministerio de Salud gazatí, murieron alrededor de mil palestinos y más de tres mil resultaron heridos; Al Jazeera contabiliza más de 3.300 violaciones israelíes a la tregua. Solo entró el 36% de los camiones de ayuda acordados y no queda un solo hospital plenamente operativo. Un cese del fuego, en los papeles.
Las agencias anticorrupción ucranianas destaparon un esquema de 100 millones de dólares que tocó al círculo íntimo de Zelenski y volteó a su jefe de gabinete; su mandato venció en 2024 y no hay elecciones. Occidente responde a cada crítica con una sola palabra, desinformación rusa, que sirve para tapar lo probado tanto como para desmentir lo plantado.
El 17 de junio de 2026, Donald Trump y Masoud Pezeshkian firmaron el Memorando de Islamabad, un texto de catorce puntos con mediación de Pakistán para cerrar la guerra abierta en febrero y reabrir el Estrecho de Ormuz, por donde pasa cerca de un quinto del petróleo mundial. El documento concede a Teherán lo que la campaña de máxima presión se proponía arrancarle: fin del bloqueo naval en treinta días, terminación de todas las sanciones, un fondo de reconstrucción de 300.000 millones de dólares y la dilución del uranio enriquecido en territorio iraní bajo vigilancia del OIEA, sin obligación de sacarlo del país. La cláusula sobre Ormuz fija paso seguro «sin cargo durante 60 días solamente», con desminado iraní en treinta, mientras Trump proclama un estrecho libre de peajes de forma permanente e Irán anuncia que cobrará tarifas por servicios cuando expire el plazo. El 25 de junio un dron alcanzó al carguero Ever Lovely cerca de Omán, el 26 Estados Unidos bombardeó depósitos de misiles y radares costeros iraníes, y el 27 Teherán respondió contra objetivos en el Golfo.
Ocho días después de firmar el memorando Trump-Pezeshkian, el ataque con un dron contra un solo carguero en Ormuz, el 25 de junio, bastó para que Washington bombardeara posiciones iraníes el 26 y Teherán respondiera con drones sobre Baréin el 27. Mientras los petroleros vuelven a cruzar el estrecho y el Brent cae, la disputa que importa no es militar sino económica: quién tiene derecho a cobrar por cada buque que pasa.