Lo cierto y lo plantado

El 11 de mayo de 2026, Tucker Carlson publicó en su propia plataforma una entrevista con Iuliia Mendel, vocera de Volodímir Zelenski entre junio de 2019 y julio de 2021. El título que eligió Carlson promete cocaína, encubrimientos y "el único obstáculo para la paz". El video es auténtico: está en el canal verificado del propio Carlson, sin edición tramposa. Lo que no es genuino es el método. La entrevista trenza dos materiales de naturaleza opuesta, una corrupción real y documentada y un puñado de acusaciones que la propia entrevistada no sostiene, y los presenta como si tuvieran el mismo peso probatorio. Separarlos es todo el trabajo.

Empecemos por lo que está probado, porque es lo más grave y porque no depende de ninguna entrevista para sostenerse. El 10 y 11 de noviembre de 2025, las agencias anticorrupción ucranianas NABU y SAPO hicieron pública una investigación de quince meses sobre un esquema de coimas en Energoatom, la operadora nuclear estatal que genera más de la mitad de la electricidad del país. Según las agencias, una organización cobraba retornos del 10 al 15 por ciento a los contratistas y lavó alrededor de 100 millones de dólares. El presunto organizador es Tymur Mindich, copropietario de Kvartal 95, el estudio que fundó el propio Zelenski, y viejo socio del presidente; Mindich huyó del país horas antes de los allanamientos y la Justicia ordenó su detención en ausencia el 1 de diciembre de 2025. El ministro de Justicia y exministro de Energía, Herman Galushchenko, fue suspendido y procesado. El golpe más alto llegó el 28 de noviembre: Andriy Yermak, jefe de la Oficina Presidencial y durante cinco años el segundo hombre del poder ucraniano, fue allanado por NABU y renunció ese mismo día. Estas no son versiones de un estudio de televisión: las firman Euronews, el Kyiv Independent, la Carnegie Endowment y la propia NABU, con fecha y nombre.

Hay un episodio anterior que ordena la lectura. El 22 de julio de 2025, el Parlamento aprobó y Zelenski firmó esa misma noche una ley que le quitaba independencia a NABU y SAPO y las subordinaba al fiscal general. La reacción fueron las primeras protestas masivas contra el Gobierno desde la invasión de 2022. Bajo presión interna y de la Unión Europea, Zelenski retrocedió en días: el 31 de julio el Parlamento restituyó la independencia de las agencias por 331 votos. El dato es de doble filo, y conviene no quedarse con la mitad. Muestra el reflejo de concentrar poder y blindar a los propios, pero también que las instituciones que destaparon el caso Mindich son ucranianas, no un favor de Moscú. Quien sostiene que Zelenski es un autócrata intocable tiene que explicar por qué su propia justicia allana a su mano derecha.

A eso se suma el problema de legitimidad, que es legítimo discutir y que el oficialismo ucraniano prefiere no airear. El mandato de cinco años de Zelenski venció el 20 de mayo de 2024. No hay elecciones porque la ley ucraniana las prohíbe bajo ley marcial, vigente desde el 24 de febrero de 2022 y prorrogada cada noventa días; el artículo 108 de la Constitución mantiene al presidente en funciones hasta que asuma un sucesor. Es decir: su permanencia tiene base constitucional, y a la vez la suspensión indefinida del voto es una deuda democrática real. Las dos cosas son ciertas al mismo tiempo. Lo mismo vale para la movilización forzada, la llamada busificación: hombres levantados en la calle y subidos a camionetas por reclutadores, con denuncias de abusos que el comisionado de derechos humanos del Consejo de Europa documentó en julio de 2025. Hay material de sobra para una crítica dura a Zelenski sin inventar nada.

Y sin embargo la entrevista invierte su mejor tiempo en lo que no se puede probar. El plato fuerte del título, la cocaína, se desarma con las propias palabras de Mendel: "es un secreto a voces", dijo, y enseguida, "nunca lo vi consumiendo drogas". Una exfuncionaria que repite un rumor y admite no haberlo presenciado no aporta una prueba, aporta un rumor con mejor currículum. Y el rumor tiene historia: la acusación de que Zelenski es adicto circula desde 2019, cuando en el balotaje contra Petró Poroshenko ambos se hicieron tests de drogas que dieron negativo. Desde entonces se recicló con videos manipulados, un clip de 2022 editado para que Zelenski pareciera admitir consumo cuando en realidad hablaba de café, y con el bulo de mayo de 2025 sobre un "objeto blanco" en una reunión de Macron, Starmer y Merz, que resultó ser un pañuelo de papel. EUvsDisinfo, PolitiFact y Detector Media clasifican la narrativa como una operación rusa sin evidencia. No es un dato incómodo para Kiev: es desinformación, y nombrarla de otro modo es hacerle el trabajo a quien la fabrica.

La segunda pieza plantada es el titular "el único obstáculo para la paz". Mendel no dijo "el único", dijo "uno de los mayores"; el superlativo lo puso Carlson. Y aun así la afirmación choca con el expediente: el 11 de marzo de 2025, en Yeda, Ucrania aceptó un alto el fuego incondicional de treinta días propuesto por Estados Unidos; fue Rusia la que no lo aceptó y sostuvo sus condiciones máximas, el retiro ucraniano de cuatro regiones y la renuncia a la OTAN. Quien quiera sostener que Kiev es el obstáculo tiene que borrar esa fecha. La tercera pieza, "dictador", y su versión de exportación, "el dictador favorito de Occidente", que ni siquiera está en boca de Mendel, viene de un linaje preciso: la popularizó Donald Trump el 19 de febrero de 2025 y la amplificó Carlson, y la verificaron como falsa NBC, CNN y The Washington Post. Mendel tampoco se priva de repetir el mito de que Boris Johnson torpedeó un acuerdo casi cerrado en Estambul en 2022, otra narrativa alineada con el Kremlin que ignora que los términos rusos eran inviables.

¿Por qué trenzar las dos cosas? Porque la corrupción real es el aval de la mentira. Un público que comprueba que lo de Mindich es cierto queda predispuesto a aceptar lo de la cocaína sin el mismo examen; el dato verificable le presta credibilidad al que no lo tiene. El beneficiario no es difícil de ubicar. La tesis "Zelenski no quiere la paz" traslada a Kiev la responsabilidad de una tregua que Moscú rechazó en marzo de 2025, justo cuando a Rusia le sirve que Occidente se canse. Mendel aporta a ese marco lo más valioso que puede ofrecer una operación de prensa: una cara con credenciales, exvocera, firma en el New York Times, que no necesita mentir en todo para ser útil. Su deriva está documentada: en sus memorias de 2022 describía a Zelenski como "una bocanada de aire fresco"; en enero de 2025, en Time y en NPR, pedía un alto el fuego inmediato. Esa crítica más medida, el desgaste, las fronteras cerradas, la democracia tensionada por la guerra, es de ella y se le puede atribuir sin forzar. La de la cocaína, no.

Queda una conclusión incómoda para todos. La acusación más sólida contra el Gobierno de Zelenski, un círculo íntimo investigado por lavar 100 millones de dólares, la mano derecha del presidente allanada y caída, un intento de domesticar a los fiscales, no necesita una sola de las frases que Carlson puso en el título. Y hay algo peor: las mentiras protegen al acusado. Cada vez que un rumor sin prueba se vende como revelación, le regala al oficialismo ucraniano la coartada perfecta, tratar toda crítica como propaganda rusa. La disciplina, la única que sirve, es sostener las dos cosas a la vez: la corrupción es real y la cocaína es un cuento. Quien las mezcla no está informando. Está eligiendo bando, y no es el de los hechos.